18 septiembre 2014

CONCIERTO DE AMA IA Y TREMENDA TREMENTINA

El viernes 12 de septiembre dos madres se escaparon. Apañaron a los niños y dejaron todo listo en casa. Preparon sus maletas. Cogieron el coche a eso de las 5.30 de la tarde y se fueron camino a Zaragoza. Gracias al TomTom
 llegaron sin problemas a su destino, un modesto hotel del centro de Zaragoza. Hacía calor, no hacía falta chaqueta, se les hacía raro porque recordemos que ellas venían de Mordor. Metieron el coche al garaje del hotel, en Zaragoza, a eso de las 7.40 pm... un error porque allí la zona azul solo dura hasta el viernes por la noche. ¡Tenedlo en cuenta!
Se pusieron guapas para el super concierto que les aguardaba. Caminaron un par de calles guiadas por el iphone 4S ( no era el mío, de momento sigo con mi patata de móvil). El hotel se eligió por su cercanía a la sala de conciertos, la Lata de Bombillas, así que no fue dificil encontrarla. Sin TomTom
... sin iphone... bufff, la cosa se complicaría mucho, ¿no?
Cenaron con una de las artistas ( si mi hermanísima!)... tostadas de hongos, de jamón y camembert, patatas bravas y vino blanco. La artista se fue sin terminar, tenía que hacer la prueba de sonido.
Vino va, vino viene, con un camarero singular haciendo chistes de fondo. El concierto empezó con algo de retraso. Creo que la puntualidad resta puntos a los músicos, artistas en general.
Ama Ia tocó ella sola, lleno la estancia con su música, su voz, sus canciones, sus letras (canté cada canción, me emocioné con cada frase. Y descubrí que un iphone sirve para más que hacer unas fotos preciosas y llevarte a los sitios. ¡Es una orquesta!)
Las madres se olvidaron por unas horas de los pañales, las adaptaciones a la guardería, de la vuelta al cole, de los padres y todo lo demás.





Y después de Ama Ia, Tremenda Trementina. Tras una mujer orquesta, un conjunto de cinco personas con Adriana y Pablo a la cabeza, que sonaron muy bien y sorprendieron para bien a nuestras madres. Hasta se animaron a tomar un tequila.





El día siguiente lo emplearon en volver a casa pasando por el centro comercial más grande de Europa, el Puerto Venecia, con 206.000 m2, tiendas y mas tiendas, zona para comer exterior, un lago navegable... Y pasaron el rato en Primark comprando ropa a sus pequeños para la vuelta al cole y las guarderías. Comieron en un restaurante que intentaba emular algún lugar de Bavaria, con camareras disfrazadas del Okotberfest. Hacía mucho calor en la calle. Por suerte el aire acondicionado del coche decidió funcionar ese día y hacer más agradable el regreso atravesando los Monegros. Casi casi como Thelma y Louise...

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